En el posteo anterior conté cómo cambió la cantidad de Aceite de Oliva que consume Uruguay. Pero hay otro cambio, menos visible en las estadísticas, que a nosotros como empresa nos movió el piso todavía más: cambió el lugar al que la gente recurre a comprarlo.
Durante muchos años, la góndola del supermercado o tienda minorista fue el único punto de contacto entre nosotros y quien compraba nuestro producto. Nosotros cosechábamos, prensábamos, embotellábamos, y ahí terminaba nuestra parte de la historia: el resto pasaba en un mostrador que no conocíamos, con un cliente que tampoco nos conocía a nosotros. Eso empezó a cambiar muy claramente luego de la pandemia y nunca volvió para atrás.
De un día para el otro hubo gente que se empezó a contactar directo con nosotros para que le entregáramos más volumen y directo en su domicilio, sin intermediarios. No necesariamente por buscar un precio mejor, sino para ver con sus propios ojos de dónde sale lo que están por llevarse a la mesa. Empezaron a preguntarnos: cómo era la cosecha, qué variedades cultivábamos, cómo era el proceso de molienda y si se trataba de “primera extracción en frío”. También querían conocer la cara detrás de la etiqueta y preguntaban si podían visitar nuestro establecimiento para conocer el proceso de primera mano.
Hoy una parte importante de nuestras ventas ya es directa, sin pasar por ningún intermediario, y esa proporción viene creciendo cosecha tras cosecha. Esto nos permitió conocer a nuestro consumidor, saber cuáles son sus inquietudes, sus gustos, sus elecciones. Nos encanta charlar con ellos y asesorarlos sobre todo lo que nos preguntan porque eso nos ayuda a seguir creciendo y dándoles un producto y servicio de calidad.
Todo este proceso nos enseñó algo que no esperábamos: comprar Aceite de Oliva Virgen Extra dejó de ser solo elegir una marca en la góndola y pasó a ser también elegir a quién le vas a creer. La gente quiere saber quién está detrás de la botella, de qué forma trabaja, si lo que dice la etiqueta es cierto. El origen honesto y familiar pasó a pesar tanto como el sabor y el precio.
Para una empresa familiar como la nuestra, ese cambio fue una oportunidad enorme: es exactamente lo que somos, siempre lo fuimos, y ahora era algo que el consumidor buscaba activamente en vez de darlo por sentado. Pero también fue un desafío logístico y de organización que no teníamos resuelto: ¿cómo sostener ese vínculo directo con alguien que vive a 300 km del olivar? ¿Cómo lograr que nuestros clientes tengan siempre disponibilidad de nuestro producto y no tengan que recurrir en el apuro a AOVEs del que desconocen su origen o calidad?
De ahí nace la idea de Club Sabiá: un sistema de suscripción pensado para las personas que ya eligieron tener AOVE de verdad en su cocina todo el año, con beneficios y sin depender de los vaivenes de precio del mercado. Es, en el fondo, nuestra forma de llevar ese vínculo directo que se armó en el establecimiento a cualquier parte del país, sin que haga falta viajar hasta Lavalleja para obtenerlo de forma directa y sin intermediarios.
Gracias a nuestros clientes y amigos por acompañarnos en este camino que arrancó con 6.300 olivos y hoy es mucho más de lo que alguna vez imaginamos.
p. Laura da Trindade


